Dicen que existe el Día de la Felicidad.
Y nos parece bien.
Pero si somos sinceros, en Home B tenemos nuestra propia definición del asunto.
La felicidad no siempre es un plan perfecto, ni un momento épico digno de película.
A veces es algo mucho más simple.
Una mesa llena.
Una burger que no sabes ni por dónde empezar.
Y ese colega que dice: “va… pedimos otra y la compartimos” (mentira, nadie comparte).
La felicidad suele llegar cuando aparece la primera burger
Hay días largos.
Días en los que el mundo se pone un poco pesado.
Pero luego llegas, te sientas, miras la carta… y todo empieza a mejorar.
Primero llegan las patatas.
Luego la burger.
Luego el silencio raro de la mesa porque todo el mundo está demasiado ocupado disfrutando.
Ese momento es bastante sospechoso.
Tiene pinta de felicidad.
Pequeñas señales de que la cosa va bien
Hay pistas claras de que el plan está funcionando:
La burger gotea lo justo.
Las patatas desaparecen misteriosamente.
La cerveza baja demasiado rápido.
Y alguien dice: “vale… pero de postre pedimos algo”.
Cuando pasan esas cosas, el día ya está salvado.
Nuestra teoría (muy seria) sobre la felicidad
Después de muchas burgers, muchas noches y muchas mesas llenas, en Home B hemos desarrollado una teoría bastante sólida.
La felicidad aparece cuando se juntan tres ingredientes:
Buena comida.
Buena compañía.
Y cero ganas de irse pronto.
El resto ya es historia.



